El valor de lo nuestro:

A pesar de que hay una parte importante de nuestro PIB proveniente de la industria del turismo, no hay una identificación  de los principales recursos que permiten toda esa aportación.

En un sentido estricto, los recursos turísticos son aquellos que son excepcionales y en ese sentido podemos afirmar que oficialmente son aquellos que han sido declarados como Patrimonio de la Humanidad.

El Puente de Bizkaia es uno de los bienes declarados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En la actualidad, Euskadi cuenta con tres bienes culturales con valor universal excepcional: las cuevas rupestres (Ekain, Altxerri, Santimamiñe, que suponen una ampliación de la declaración de la cueva de Altamira); el Puente de Bizkaia (comúnmente conocido como el Puente Colgante), y el Camino Santiago en su vertiente norte (destacando alguno de sus elementos, como el túnel de San Adrián). Mientras, otros dos bienes esperan su turno para alcanzar el reconocimiento: las Salinas de Añana y el paisaje del vino y el viñedo de Rioja Alavesa (participa en una candidatura conjunta con La Rioja).

Ampliando los conceptos, se consideran nuevos o viejos productos turísticos aquellos considerados por las propias instituciones como bienes culturales inmateriales, recibiendo algún tipo de reconocimiento. Pueden ser desde las fiestas tradicionales de una localidad hasta determinados aspectos de una gastronomía y cualquier otro que fuera considerado,

Pero si se desea obtener el reconocimiento de la Unesco, el Estado debe de proponerlo a éste y crear un comité de trabajo que recoja las propuestas realizadas por las comunidades autónomas antes del 30 de junio de cada año y así proponer, como máximo, dos bienes materiales a la Unesco.

Las candidaturas deben someterse a informes, comités de expertos y diversos grupos de trabajo ya que el reconocimiento de “patrimonio” no es algo honorífico, sino una obligación de cuidado y preservación. El objetivo no es tener una medalla, sino garantizar que bienes con un interés mundial y un valor universal excepcional sean preservados como es el caso del Puente de Bizkaia, donde existe un interés mundial en preservarlo porque hay muy pocos y por ello hay que hacer un análisis comparativo con otros parecidos para determinar que ese bien tiene una serie de peculiaridades que lo hace único.

En el caso de los bienes inmateriales, tiene que haber una aportación significativa a la cultura de la humanidad, algo que resulte emblemático.

En 2013 la Unesco incluyó dentro de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad la dieta mediterránea que comprende un conjunto de conocimientos, competencias prácticas, rituales, tradiciones y símbolos relacionados con los cultivos y cosechas agrícolas, la pesca y la cría de animales, y también con la forma de conservar, transformar, cocinar, compartir y consumir los alimentos. El acto de comer juntos es uno de los fundamentos de la identidad y continuidad culturales de las comunidades de la cuenca del Mediterráneo.

La defensa de la aportación de la dieta mediterránea se incrementa por ser un elemento de intercambio social y comunicación, y también de afirmación y renovación de los lazos que configuran la identidad de la familia, el grupo o la comunidad. Este elemento del patrimonio cultural inmaterial pone de relieve los valores de hospitalidad, buena vecindad, diálogo intercultural y creatividad, así como un modo de vida que se guía por el respeto de la diversidad.

Ese factor de cohesión social en los espacios culturales, festejos y celebraciones, al agrupar a gentes de todas las edades, condiciones y clases sociales es el mismo criterio que ha permitido a las fallas valencianas lograr el título de Patrimonio, pero además  en el caso de la dieta mediterránea abarca ámbitos como la artesanía y la fabricación de recipientes para el transporte, conservación y consumo de alimentos, como platos de cerámica y vasos.

Otro elemento que apoya en este caso la declaración de Patrimonio de la Humanidad es que las mujeres desempeñan un papel fundamental en la transmisión de las competencias y conocimientos relacionados con la dieta mediterránea, salvaguardando las técnicas culinarias, respetando los ritmos estacionales, observando las fiestas del calendario y transmitiendo los valores de este elemento del patrimonio cultural a las nuevas generaciones. Por su parte, los mercados locales de alimentos también desempeñan un papel fundamental como espacios culturales y lugares de transmisión de la dieta mediterránea en los que la práctica cotidiana de intercambios fomenta la concordia y el respeto mutuo.

La dieta mediterránea es el bien protegido, si bien no se trata de una gastronomía concreta y es que desde la Unesco es reticente a proteger una gastronomía nacional ya que como es el caso de las lenguas ¿Cuál no tiene méritos para ser declarada patrimonio mundial? Hay que demostrar que hay una aportación significativa a nivel mundial.

 

Lo que no es Patrimonio para la UNESCO:

Unesco rechaza el tirón turístico a la hora de declarar un bien como Patrimonio de la Humanidad. Tenemos el claro ejemplo del caso de Salinas de Añana, los expertos ahondaron en la idea de que el objetivo era recuperar la forma tradicional de hacer la sal, pero en ningún caso orientada hacia el turismo. Se trata de recuperar el bien y si después tiene interés turístico pues mejor.

Otro ejemplo que puede no triunfar es la gastronomía peruana que buscará el reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO siendo el objetivo que se ha propuesto la Sociedad Peruana de Gastronomía (APEGA) para 2021, año de celebración del Bicentenario de la Independencia de la Republica, como horizonte

En cualquier caso son las comunidades las que deben proteger el patrimonio cultural con sus propias leyes, por lo que la labor de la Unesco radica en analizar dicha protección y decide que es la suficiente y sin entrar a exigir nuevas protecciones.

Por tanto, lo principal es disponer de un nivel de protección legal  que clasifique y distinga los bienes calificados [los mayores niveles culturales, como el Náutico de San Sebastián] los bienes inventariados [protección media, son excepcionales a nivel de territorio, como una iglesia menor de algún pueblo], y bienes de interés municipal [protegidos en el catálogo del ayuntamiento].

La protección municipal pretende preservar el aspecto exterior, que tiene importancia en el carácter de la ciudad. En los bienes calificados se respeta su estructura interna. Esta protección legal se ha extendido mucho y se ha ampliado a aquellos con un significado histórico como por ejemplo las primeras casas mineras obreras que no tienen un valor estético o artístico pero si tienen que ver con el acervo cultural y costumbrista.

El patrimonio cultural es, en definitiva, todo aquello que la sociedad considera que tiene un valor suficiente como para ser transmitido a las generaciones futuras. Nos da información de lo que hemos sido y de lo que en parte somos. Nos da cierta identidad, por lo que además de la importancia turística, debemos protegerlo como identificación y raíz de nuestra cultura que se transmite a través de padres a hijos de forma ininterrumpida.

 

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